
Pedaleando en el tiempo con Lenny Kravitz por Madrid
Texto: Larry Martínez Díaz
Foto: Lucian Nute
Lenny Kravitz regresa a Madrid tras 7 años de ausencia, para presentar su último álbum, “Blue Electric Light”, el duodécimo de su extensa carrera. En el antiguo Wizink Center, rebautizado como Movistar Arena, unas 15000 almas esperan ansiosas el reencuentro con el ya mítico artista neoyorkino.
Algunos de los presentes rememoran pasajes de su anterior presentación, precisamente en este colosal espacio. Otros todavía conservan en el paladar, el sabor glorioso de las actuaciones, también acá, del legendario Paul Mc Cartney, en el pasado mes de diciembre, después de 8 años sin visitar la capital española y una pareja ataviada de estricto negro, muy cerca de mí, se prepara según escuché, para el arribo este año de Marilyn Manson.
Por estos días, rondando ya la década, un 25 de marzo de 2016, los cubanos también tuvimos un espectáculo majestuoso, de esos que no se olvidan y que sirven para presumir ante el mundo, protagonizado por los eternos Rolling Stones en la Ciudad Deportiva de La Habana. Los flashazos de aquella experiencia, suelen acompañarme en esta época del año y ahora frente al imponente escenario, ante las espectaculares pantallas y juegos de luces, irremediablemente volvieron a mí.
Recuerdo igualmente los mensajes que recibía, de algunos amigos que hubieran dado cualquier cosa por estar esa noche, peregrinando por Santa Catalina junto a los viejos míos, con el corazón cargado de sueños y los bolsillos no menos desprovistos de “planchaos”.
En aquellos días se rumoreaba sobre el interés en visitarnos de los Red Hot Chili Peppers, Bon Jovi, o Kid Rock, – las cosas están cambiando- certificaba Mick Jagger y como soñar parecía temporalmente permitido, fantaseamos, entre tantas cosas, con la visita de muchos artistas y por supuesto del Lenny, quien desde hace algunas décadas tiene fijado su domicilio en Las Bahamas, a escasos kilómetros de Cuba.
Lo que no podíamos imaginar es que muchos de los que nos dimos cita en aquella mítica noche y que planificamos el tour caribeño de nuestros ídolos, ahora tampoco residiríamos dentro de los límites espaciales de la isla y que por supuesto, de los Red Hot y compañía no se han tenido más noticias.
En todo caso, en unos minutos saldrá Lenny Kravitz al escenario madrileño. Curiosamente, tal vez sea él uno de los vecinos más cercanos de nuestros familiares en Cuba, entre todos los presentes en el Movistar Arena. Por mi parte, he recibido otra vez la solicitud de disfrutar por cuenta propia y ajena del show, sin olvidarme eso sí, de luego hacer el cuento.
Llegaba entonces el anfitrión de la noche, para complacernos a todos, con el riff zeppeliano de “Bring it on”, pieza de su álbum “It is time for a Love Revolution”, empuñando su característica guitarra Flying V y removiendo sus dreadlocks al aire, para desatar la locura entre toda la concurrencia.
Luego sonó “Minister of Rock n´ Roll”, acreditándose desde los inicios, las excelentes condiciones vocales del artista, cercano a cumplir 61 años en el próximo mes de mayo.
Saludaba en español pausado, para no confundir una sílaba, que todos le hubieran perdonado. “¡Madrid, wow, os amo! ¡Estoy muy feliz de estar aquí con ustedes!” decía Lenny tras el micro y ya todo el recinto era suyo.
Seguidamente propuso la primera, de las pocas canciones que en definitiva mostró de su último álbum, “TK 421”, que le sirvió para bailar, moverse por todo el escenario y conseguir los gritos eufóricos de muchos fans, que no solo habían asistido para escuchar su música. El artista es consciente de ello y ofrece sus movimientos más provocativos para satisfacción de buena parte de la audiencia; luego en algún momento agarra el bajo y toma las riendas de la sección rítmica, mientras desde el área de los metales corresponden con el primer solo de saxo, de los varios magistrales que tuvo la noche.
Ya entrados en calor, irrumpía con una fuerza descomunal su clásico “Always on the Run”, el mismo que grabó junto a su amigo escolar Slash en el disco “Mama Said”, de 1991, cuyo clip repetíamos hasta el cansancio allá en la casa, en nuestro flamante VHS.
Se debe aclarar que Lenny, siempre dado a las buenas compañías, traía consigo una banda muy compacta, con un sonido estremecedor, escoltado desde una esquina por su guitarrista de siempre, el experimentado Craig Ross, que junto a la baterista Jas Kayser, fueron los más aplaudidos a la hora de las presentaciones.
Tenía además preparado un viaje a través de su catálogo discográfico, incluyendo piezas de casi todos sus discos. Lo mismo aparecían “I belong to you”, o la hermosa “Stillness of Heart”, que a la postre generó el instante menos feliz de la noche.
Resulta que el artista prolongó conscientemente el coro de este reconocido hit, suponiendo (como yo) que todos los presentes conocían la letra del tema; pero los silencios incómodos y tímidos titubeos de la mayoría, evidenciaron lo contrario. Para empeorar las cosas, Lenny proyectó el micro en dirección al público e incluso recitó fragmentos del estribillo, sin los resultados que seguramente imaginó. Tal vez la experiencia le sirva de lección para los próximos shows que tiene previsto en las tierras de Cervantes.
Más tarde presentó 2 temas de su nuevo álbum, “Honey” y “Paralyzed” junto a otros tracks de menor jerarquía, “Low” y “The Chamber”, en los que imperan sonidos bailables, entre la disco y el funk, con los que el sexagenario artista volvía a remarcar sus movimientos, amparado en impactantes efectos visuales y de luces.
Curiosa y para mí, contradictoriamente, era durante estos solos de baile cuando el músico desataba la mayor intensidad y respuesta por parte del público y se debe aclarar que tocó y cantó de forma impecable; lo mismo ejecutando con suma limpieza un solo de guitarra que subiendo con su voz a notas a las que suponía erradamente, no podía acceder ya en vivo.
Después sentado al piano, dedicó la balada “I’ll be waiting” a Javier Bardem y Penélope Cruz, para sorpresa seguramente de la pareja que disfrutaba del espectáculo entre el público. Las luces apagadas y los móviles brillando, engalanaron esta vez el hermoso momento.
Ya en la recta final, el artista soltó un vendaval de piezas antológicas sin anestesia alguna, desfilaron entonces “Again”, “American Woman”, o “Fly Away”, esta última me colocó directamente en los 90, en cierta barbacoa donde el calor, el comején y la dudosa fiabilidad de los ruidosos instrumentos nunca obstaculizaron el vuelo lejano que clama este estribillo.
Por si fuera poco arremetió luego con “Are you gonna go my way”, esa joya que sin dudas sirve de inspiración al “Cansado” del soundtrack de Habana Blues, filme que a los 20 años, tampoco apaga su luz, parafraseando a Varela. Cobró entonces un especial significado aquello de “voy pedaleando en el tiempo hacia adelante, pero vuelvo al pasado”, mientras que emocionado y sin el permiso de Lenny, pude constatar lo bien que encajan los versos del nacido en Luyanó con los riffs del neoyorkino, claro que la pareja de fans de Manson no deben haber entendido nada.
Se marchaba así Lenny de la escena, dejándonos exhaustos, muy cerca de la lona, pero pidiendo un round más. Regresó entonces para el remate, que seguramente concibió de manera épica y esta vez no se equivocó; todo el Movistar Arena comenzó a vibrar al compás de su himno “Let Love Rule”. El maestro de ceremonias aprovechaba para darse un baño de masas entre el público, extendiendo la pieza a unos 15 minutos, que incluyó visita al palco donde Bardem y Penélope rockeaban febrilmente.
Ahora sí se coreó cada nota y el cierre de la banda dejó la sensación en todos los presentes de haber vivido un momento memorable y entonces a mí, no me quedaba más remedio que contarlo.
